Cuando dos personas se divorcian, el ambiente suele ser tenso de todos modos. Sin embargo, la división de una propiedad común puede complicar aún más las cosas. Si uno de los cónyuges quiere quedarse con la propiedad después del divorcio, a menudo fracasa porque no puede pagar al divorciado. La llamada equiparación de ganancias acumuladas, que en realidad garantiza una división justa de la propiedad, suele plantear problemas financieros en estos casos.
¿Qué significa comunidad de ganancias acumuladas?
En términos jurídicos, el matrimonio es una comunidad de gananciales. Los bienes de cada cónyuge permanecen separados, incluso durante el matrimonio. Sin embargo, en caso de divorcio, el aumento de los bienes adquiridos durante el matrimonio (ganancias acumuladas) se divide entre los cónyuges, lo que se denomina compensación de ganancias acumuladas. Pero, ¿cómo afecta esto a los bienes comunes?
Caso 1: Los bienes aportados al matrimonio
Si un cónyuge compró o heredó la propiedad antes del matrimonio, por lo general sigue siendo de su propiedad. Sin embargo, cualquier aumento de valor durante el matrimonio se tiene en cuenta a la hora de igualar las ganancias. Ejemplo: El valor de la propiedad aumenta de 300.000 euros (en el momento del matrimonio) a 600.000 euros (en el momento del divorcio). El cónyuge divorciado tiene derecho a la mitad del incremento de valor, es decir, 150.000 euros.
Caso 2: Los bienes heredados durante el matrimonio
Si se hereda o dona un inmueble durante el matrimonio, la totalidad del incremento de valor cuenta como ganancia. Si el valor sigue siendo el mismo que en el caso 1 (300.000 euros de aumento a 600.000 euros), el propietario debe desembolsar el 50% del valor total, es decir, 300.000 euros. Si no se puede reunir esta suma, a menudo se amenaza con vender la propiedad.
Caso 3: La comunidad de bienes
Si ambos cónyuges están inscritos en el registro de la propiedad como copropietarios, no se produce la equiparación de ganancias de la propiedad. En este caso, la propiedad se divide a partes iguales. Si uno de los cónyuges desea conservar la vivienda, debe pagar al otro la mitad del valor. Como alternativa, ambos socios se reparten el producto de la venta a partes iguales.
Conclusión: la aclaración y el asesoramiento son cruciales
Dividir una propiedad tras un divorcio puede ser estresante financiera y emocionalmente. Un buen asesoramiento y apoyo profesional le ayudarán a encontrar la mejor solución.


